# Tres
- 2013

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Punk sin punk

"Punk: Chaos to Couture
The Metropolitan Museum of Art, New York
09.05-14.08.2013"

La exposición PUNK: Chaos to Couture se plantea como una muestra que explora la influencia del punk sobre la alta costura. Su recorrido comienza con la recreación de dos espacios: los baños del mítico club CBGB en Nueva York y la tienda Seditionaries de Londres. La música suena alta, como en un bar o en una tienda de ropa estridente.

Las siguientes salas, tituladas por la exhortación punk al ‘hazlo tú mismo’, están pobladas por maniquíes blancos que visten trajes de altísima costura. El comisario de la muestra, Andrew Bolton, afirma tomar el punk como estética y no como actitud. Sin embargo, y pese a una absoluta profusión de imperdibles de oro y telas de satén que fingen bolsas de basura, muchas veces se pierde la referencia al punk, que en ocasiones desaparece incluso en su versión epidérmica de mero vocabulario visual.

Lo cierto es que apenas se muestran trajes o imágenes ‘históricas’ de los años setenta: entre 95 piezas, aproximadamente 60 son posteriores a 2006. Esto significa que los trajes de Comme des Garçons, Junya Watanabe, Givenchy o Karl Lagerfeld se ofrecen para su compra dentro del circuito de tiendas de lujo que recorre Nueva York. Esto es punk de pasarela y a veces parece, simplemente, una operación de legitimación estética para ayudar al comercio del lujo.

Diversos autores han rastreado la influencia de las vanguardias históricas y, sobre todo, del situacionismo en los orígenes del punk. Con su intención de escandalizar y provocar a la clase media, el punk enlaza con la línea vanguardista que busca indignar a la burguesía y separarse de sus ambiciones, consideradas mediocres. Vinculando el punk con la la alta costura, la exposición podría querer introducir las excentricidades del diseño lujoso dentro de una genealogía de contestación cultural. Si aceptásemos esta narración, el elitismo de la alta costura se relacionaría con la ‘autonomía’ y la ‘libertad’ que la sociedad occidental ha reservado a la esfera del arte.

Tras una oleada de merecidas críticas desde distintos medios, la exposición no parece haber dejado huella alguna. La contracultura se proyecta en la alta cultura, en la baja cultura y, también, en la disidencia. En ese sentido, conviene recordar hoy algunos lemas, con sus lecciones importantes. Los punks habían perdido la esperanza: NO HAY FUTURO (NO FUTURE); vivamos el presente. El punk había perdido el respeto: NO HAY HÉROES (NO HEROES); nadie tiene derecho a dominarnos. Y el punk había recuperado la agencia: HAZLO TÚ MISMO (DO IT YOURSELF). Está en nuestras manos lo que quiera que queramos hacer; nadie lo hará por nosotros. Yendo en direcciones que no confluyen ni con el Metropolitan ni con la sede neoyorquina de Chanel, está claro que los movimientos sociales son, en cierto sentido, herederos del espíritu punk. Prueba de ello es cómo el grupo JUVENTUD SIN FUTURO ha transformado el grito de rabia en una reclama política, útil para tomar la calle.