# Cero
- 2010

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El libro del adiós

El objeto y el aura [1], de Juan Antonio Ramírez, es ciertamente un compendio de sus preocupaciones intelectuales, tanto de las antiguas como de las más recientes. Él mismo ofrece un indicio de esta amplitud cuando, en la Introducción que escribió de alguna manera a regañadientes, informa que el primer capítulo del mismo, referido al panóptico, se "inspira lejanamente en una primera versión" que escribió para un catálogo publicado en el año 2000. Pero yo me atrevería a ir más lejos todavía, afirmando que en este libro -que desgraciadamente ha resultado ser el último suyo, debido a su temprana muerte poco después de la publicación del mismo– retoma y reelabora cuestiones esenciales para la definición y el despliegue del conjunto de su obra y de su pensamiento, empezando por su cuestionamiento de los paradigmas historiográficos bajo los que se escribieron las historias del arte, tanto antiguo como moderno, que eran plenamente hegemónicas en los años de su formación académica. A la idea de que la historia es una sucesión de etapas -definidas, cada una, por el predomino de ciertas escuelas, movimientos o tendencias claramente delimitados- que supone, además, la abolición de una etapa por la siguiente, él opuso un concepto de la historia en el que las etapas en vez de anularse mutuamente se acumulan, siguiendo una lógica que es mucho más de la longue dureé braudeliana que de la aniquiladora sucesión de modas efímeras. De hecho, el título que eligió para esta colección de ensayos entrecruzados ofrece un indicio de esta opción estratégica: el objeto está conectado con el aura por la preposición copulativa, que indica claramente la coexistencia de ambos, en vez de estar ambos insertos en una formación gramatical como la del título de la obra seminal de Simón Marchán Fiz, que impone una sucesión Del arte del objeto al arte del concepto. La opción historiográfica de Ramírez no se queda, sin embargo, en la composición del título de su libro, sino que determina radicalmente su contenido. El análisis que él realiza en el mismo de los seis temas que considera cruciales -a saber, la visión panóptica, la realización del movimiento ilusorio, la celebración del primitivismo, el predominio del objeto real sobre el ficticio, la reivindicación artística de la tierra y el suelo y la reevaluación del aura benjaminiana– está guiada e iluminada por su convencimiento de que el arte moderno todavía coexiste con el orden visual del Renacimiento, hasta el punto de que sus logros solo se comprenden plenamente si ponen en relación directa con el legado renacentista, que de esa manera sigue viviendo en ellos.

Dos observaciones finales. La primera, que este libro se aparta de la clásica estructura lineal de los libros, en los que el comienzo y el final están claramente delimitados, y opta por la que lo acerca a ’modelo para armar’ cortazariano que, aunque dispone su contenido en un orden establecido previamente por su autor, admite que ese orden pueda ser trastocado por el lector, cuando este descubre conexiones entre los materiales de ese contenido que han pasado desapercibidos para el autor. La segunda es que en esa apertura juegan un papel decisivo las imágenes que, como en el Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, portan y liberan sentidos que son irreductibles o por lo menos distintos a los que ofrece la escritura discursiva.

Notas

[1Juan Antonio Ramírez. El objeto y el aura. [Des] orden visual del arte moderno, Madrid, Akal/Arte contemporáneo, 2009.