# Cinco
- 2015

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Pese a todo, aparecer

Instituto de Investigaciones Estéticas
Universidad Nacional Autónoma de México


Nota sobre el texto [1]


Recibido: 15/07/2015
Aceptado: 6 /10/2015

Resumen

Este texto revisa la noción de aparición desde el contexto de la políticas de violencia y terror que se cifran en el caso de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Este caso nos permite entender las condiciones actuales de la política en zonas donde el Estado se configura como una máquina de guerra. A partir de este marco, el texto explora las fisuras, los pese a todo, que insisten en crear un lugar de lo común. Retomando el proyecto Lo que viene del colectivo Teatro Ojo se revisarán las argumentaciones de Hannah Arendt, Georges Didi-Huberman y Jacques Rancière para pensar en la aparición como una apuesta estética que ya es política.

Palabras clave: Aparición, Ayotzinapa, desaparición forzada, estética, común, política, escena, público.


I

Zócalo de la ciudad de México 1 de julio de 2012, Francis Alÿs/animación Rafael Ortega.

Desde el 2010 sueño con olas. Olas grandes, gigantescas. Al despertar, el miedo no está en esa ola que pasó sino en saber que siempre hay otra, que viene.

II

En 1975, a pocos meses de morir brutalmente asesinado, Pasolini escribió el texto que se conoce como “El artículo de las luciérnagas”, donde declaraba que la cultura de resistencia y vanguardia había desaparecido. Se trata, según la argumentación de Didi-Huberman en el libro supervivencia de las luciérnagas, de una lamentación fúnebre sobre el momento en que en Italia desaparecieron estos seres, esas señales humanas de inocencia, aniquiladas por la noche –o por la luz “feroz” de los reflectores- del fascismo triunfante.

El diagnóstico de Pasolini manifiesta un duelo por la política, un especie de lamento por las condiciones que han hecho imposible desde el capitalismo tardío cualquier forma de resistencia. Una crítica a la forma en que todo, incluso o quizá con mayor contundencia el arte, ha sido absorbido por el espectáculo haciendo imposible una forma de aparición que se revele contra las formas de sometimiento. Este texto de Pasolini, que cobra un sentido implacable a la luz de su última película –Saló o los 120 días de Sodoma-, es un grito de desesperación por la imposibilidad de generar una representación que permita organizar otras formas de existencia. Por ver cómo la violencia se apodera no sólo de la historia sino de cada uno de nosotros, generando en su brutalidad una desidia que lleva al aburrimiento, donde hasta la tortura se conforma como un paisaje de fondo sobre el cual bailar. Donde, lo que ha quedado fuera de escena –en la luz o la oscuridad-, es el espacio, es el “con”, es, en última instancia, la política.

III

Entre el 26 y el 27 de septiembre del 2014, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos desaparecieron en la ciudad de Iguala en el Estado de Guerrero. Los jóvenes pertenecían a una de las escuelas públicas herederas de la Revolución Mexicana en las que se forman maestros para comunidades campesinas, y donde estudiaron líderes comunales como Lucio Cabañas y Genaro Vásquez que impulsaron la lucha armada en Guerrero en los tempranos años setenta.

A finales de septiembre de 2014, los normalistas de las diferentes escuelas rurales preparaban desde la sede de Ayotzinapa la campaña para acudir a la manifestación en la ciudad de México que se realizaría, como todos los años, para conmemorar la matanza del 2 de octubre en la que el ejército mexicano reprimió un mitin estudiantil durante las movilizaciones de 1968. Los jóvenes tomaron [2] dos autobuses de ruta comercial y se dirigieron a buscar otros más. Uno de los autobuses se dirigió a la ciudad de Iguala a dejar el pasaje previo acuerdo con los estudiantes, pero al llegar a la central de autobuses el chofer se negó a darles el vehículo y los encerró en él. Los estudiantes llamaron al resto de sus compañeros que los esperaban en las afueras de la ciudad, quienes se unieron a ellos y tras liberarlos tomaron otros tres autobuses comerciales. Al salir de la central de Autobuses de Iguala, en tres direcciones diferentes, los normalistas fueron atacados.

Al día siguiente, ante un caos de información, de heridos y muertos, se confirmó lo peor: faltaban 43 estudiantes. Nadie sabía dónde estaban ni a dónde se los habían llevado.

Poco a poco los periódicos informaban sobre lo sucedido, lo que inició como un enfrentamiento con los normalistas empezaba a tomar la forma de una masacre. Las imágenes comenzaron a circular en Internet, en Facebook se propagaba la imagen de un normalista muerto sin rostro. Había sido desollado. Su nombre era Julio Cesar Mondragón, y su mujer se enteró que éste había muerto al reconocerlo por su ropa en la imagen que circulaba en la red social.

Con el alcalde municipal en fuga, mismo que había pedido una licencia de baja temporal un día después de los ataques, comenzaron las averiguaciones. Versiones iban y venían. Una semana después de lo ocurrido, bajo presión por parte de las organizaciones estudiantiles, se hizo público y viral un video donde se veía a los jóvenes detenidos en camionetas de la policía municipal. Posteriormente, la policía, que había sido detenida, afirmó que los estudiantes habían sido entregados a un grupo de narcotraficantes llamados Guerreros Unidos.

Ante una demanda social sin precedentes, desde comenzara la guerra del narco declarada en 2006 por el presidente Calderón, el gobierno, forzado por la condena internacional, comenzó la búsqueda. Fosas clandestinas no cesaron de aparecer. Con poco que se moviera la tierra aparecían cuerpos, pero no eran los de los estudiantes.

El 7 de noviembre de 2014, el entonces Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, ofreció una rueda de prensa en la que presentó lo que él mismo denominaría como “la verdad histórica” del caso Ayotzinapa: los normalistas habían sido atacados por el grupo de narcotraficantes Guerreros Unidos al confundirlos con miembros de su grupo rival, los Rojos. Los estudiantes habían sido asesinados en un basurero en el municipio de Cocula, posteriormente cremados y las cenizas arrojadas al río San Juan. Habían desaparecido por completo, no quedaba nada. Ni los huesos para poder hablar. [3]

Casi un año después de la desaparición de los estudiantes, y, con un nuevo Procurador General de Justicia, salió públicamente el “Informe Ayotzinapa, una investigación y primeras conclusiones sobre las desapariciones y homicidios de los normalistas de Ayotzinapa” realizado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). [4]

Este grupo fue convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de acuerdo con el Estado Mexicano y los representantes de las víctimas, para colaborar en la investigación de los crímenes. Gracias a este informe varias cosas quedaron asentadas.

Por un lado, entre el 26 y 27 de septiembre, lo que se dio fue un ataque masivo en el que desaparecieron 43 estudiantes; 6 personas fueron ejecutas extrajudicialmente -incluyendo un normalista, Julio Cesar Mondragón, con claros signos de tortura- y 3 personas que fueron atacadas en el autobús que transportaba al equipo de fútbol los Avispones que fue perseguido, presumiblemente porque pensaron que era uno de los vehículos tomados por los normalistas; 40 personas fueron heridas de gravedad, una de ellas continúa en coma y 110 personas sufrieron persecución y ataques contra su vida durante esas horas.

Por el otro lado, lo que el informe demuestra es que hubo un ataque sostenido en varios escenarios. Bajo un nivel progresivo de violencia hubo emboscadas, bloqueos y persecuciones que duraron toda la noche. A diferencia de las investigaciones previas que aseguraban que los estudiantes habían tomado cuatro autobuses y que habían sido atacados por orden del presidente municipal, José Luis Abarca, por haber interrumpido deliberadamente el informe de gobierno que su mujer había dado ese mismo día, la investigación del GIEI apunta la existencia de un quinto camión, que había sido eliminado del expediente oficial. La investigación deja abierta la hipótesis de que este último autobús pudo haber sido el detonante de los violentos ataques. Los estudiantes pudieron haber tomado, sin saberlo, un autobús de Guerreros Unidos que transportaba heroína a Estados Unidos. [5]

El informe que reconstruye los diferentes ataques muestra claramente una dirección y coordinación por parte de la policía. Desde las seis de la tarde de ese 26 de septiembre se monitoreó todos los movimientos de los estudiantes por medio del sistema de coordinación de los tres niveles de gobierno (C4) que incluye a la Secretaría de la Defensa Nacional. Esto quiere decir que hubo presencia de agentes federales, estatales y municipales así como de militares en todos los escenarios, ya sea como perpetradores o como observadores.

El informe también señala que no hay datos forenses contundentes para poder determinar que la incineración de los cuerpos de los estudiantes haya podido ocurrir en el basurero de Cocula. Las condiciones del lugar, según la evaluación del GIEI, no hace viable una destrucción del material óseo como la que afirmó el gobierno.

De esta manera, la “verdad histórica” se desmoronó y los estudiantes volvieron al limbo de los desaparecidos, con el miedo y la esperanza que ello convoca.

IV

Material para intervención. Iconoclasistas, 2014.

“Fue el Estado”. Sin duda la frase que apareció en las protestas masivas por la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa nombraba aquello que el gobierno Mexicano se esforzaba por negar, a saber, que lo ocurrido era un crimen de Estado. Si bien el ataque no fue ordenado y organizado por las esferas más altas del gobierno, como fue el caso de la matanza de 68, es un hecho que éste fue perpetrado y observado por agentes que pertenecían a los tres órdenes de gobierno.

“Fue el Estado” señala la responsabilidad del Estado mexicano en el caso de Ayotzinapa y acumula en una especie de palimpsesto una historia de violencia. Si bien, la genealogía de la violencia permite recuperar una memoria del horror, lo que oculta en la repetición es la diferencia y lo que se nos escapa es la configuración actual de la política.

V

Sin título, Siempreotravez, 2010.

Habrá que tener en claro que la situación de violencia en México no deriva solamente del narcotráfico, más bien éste está ligado al modelo económico y político del país: la desregulación de la economía, la flexibilización del trabajo, el debilitamiento de las infraestructuras gubernamentales, la rotura del tejido social, la impunidad y la corrupción, han establecido las condiciones para un tiempo del despojo donde lo que ha desaparecido es la política.

Para las naciones que en los años ochenta fueron denominadas como “países en vías de desarrollo”, el neoliberalismo significó un tipo de explotación que continuaba pero que marcaba una diferencia radical con las formas de dominación del pasado. Como describe el historiador Adolfo Gilly:

Este nuevo despojo adquiere su expresión condensada en la oleada de privatizaciones de bienes y servicios públicos de los últimos treinta años: tierras, medios de comunicación y trasporte, telecomunicaciones, banca y servicios financieros, seguridad pública y servicios militares, petróleo y petroquímica, minas y complejos siderúrgicos, sistemas de seguridad social y fondos de pensión de los trabajadores, puertos, carreteras, sistemas de agua potable, represas, energía, hasta el proceso perverso a lo largo y ancho de América Latina de la imposición sin fronteras de la minería a cielo abierto, destructor de la naturaleza y de las vidas humanas. (Gilly, 2014, p.7)

El caso de México, lamentablemente no es el único, plantea que el correlato del neoliberalismo es la necropolítica. Esta noción planteada por Achille Mbembe explica un tipo de organización donde la soberanía reside en la capacidad de hacer matar y permite entender lo que sucede en espacios donde la política se establece como trabajo de muerte.

El crecimiento del narcotráfico en México y su compleja relación con el Estado y las estructuras de gobierno pudo desarrollarse de la manera que lo hizo por las condiciones que estableció el neoliberalismo. En éste, los enclaves de extracción y circulación de recursos valiosos se convierten en zonas privilegiadas de muerte. La articulación entre guerra, extracción y circulación de recursos ha generado una estructura de soberanía que se basa exclusivamente en la distinción de aquellos que llevan armas y aquellos que no. Aquí, el monopolio de la violencia se articula en una nueva configuración del poder. Mbembe la describe de la siguiente manera:

Estas máquinas se componen de facciones de hombres armados que se escinden o se fusionan según su tarea y circunstancias. Organizaciones difusas y polimorfas, las máquinas de guerra se caracterizan por su capacidad para la metamorfosis. Su relación con el espacio es móvil. Algunas veces mantienen relaciones complejas con las formas estatales (que pueden ir de la autonomía a la incorporación). El Estado puede, por sí mismo, transformarse en una máquina de guerra. Puede, por otra parte, apropiarse para sí de una máquina de guerra ya existente, o ayudar a crear una. (Mbembe, 2011, p. 59)

Como lo expone Mbembe, el Estado está mejor conceptualizado en nuestros días por la imagen de esta máquina indefinida e indeterminada que permite configuraciones antes imprevistas.

Sin duda “Fue el Estado”, pero el Estado ya no es lo que solía ser, sino que es la fuerza de intercambios y negociaciones que administran al territorio y a la población en una explotación sistemática compuesta de muchas máquinas que difícilmente podemos nombrar.

VI

El miedo fue lo que nos sacó de la infancia. Para la generación nacida a finales de los setenta y principios de los ochenta, 1994 fue el año en que empezamos a ser adultos. La aparición del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional rompió el encantamiento de la promesa de modernización y globalización al enseñarnos los rostros y las lenguas de los que habían sido sistemáticamente excluidos. La posibilidad de un mundo más justo se articuló con el zumbido de muerte. Los asesinatos políticos aceleraban el espanto de una crisis económica que había dejado más frágiles las posibilidad de un futuro y una década de convulsiones acabó con el fiasco de una transición que nunca llegó.

En el año 2000, Vicente Fox fue el primer presidente de México en 70 años que no pertenecía al Partido Revolucionario Institucional. [6] Tuvo la posibilidad de acomodar lo que había salido de quicio, de nombrar lo que había sido ignorado, de llevar a juicio a los responsables de los diferentes crímenes de Estado y prefirió no hacerlo.

Por ahí vino lo malo y se coló lo peor.

En 2006, el entonces presidente de México, Felipe Calderón, después de una elección que lo dejaba con el poder por una diferencia del 0.56%, declaró la guerra al narcotráfico. Desde esa fecha se calcula, aunque no hay cifras oficiales, que más de 121 mil personas han muerto y más de 300 mil están desaparecidas. [7]

VII

¿Cómo ha sido su vida en los últimos seis años?
¿qué le preocupa?
¿qué ha cambiado en su vida?
¿cómo está su familia?
¿actualmente tiene algún presentimiento?
¿tiene alguna preocupación que le inquiete en este momento?
¿extraña algo del pasado?
¿recuerda algún sueño que haya tenido en los últimos seis años?

Éstas eran las preguntas que te recibían a la entrada del teatro el Galeón donde se desarrolló el proyecto Lo que viene [8] del colectivo Teatro Ojo unas semanas antes de que acabara el sexenio del presidente Felipe Calderón que gobernó México del 2006 al 2012.

En el teatro no había funciones sino sesiones de hasta de diez horas donde el escenario era una caja negra en la que, sobre el piso, se encontraba una hemeroteca en la que se reunían los periódicos de cada día de esos seis años. Un archivo para consultar, mientras en improvisadas mesas la gente que asistía tomaba café, jugaba, dibujaba, platicaba, escuchaba. Un micrófono y una silla a mitad del espacio permanecían abiertos para que cualquier persona que así lo quisiera pudiera contestar o hablar sobre lo que planteaban las interrogantes. Al mismo tiempo, una línea telefónica gratuita recibía respuestas en vivo de gente de otras partes de la República Mexicana.

Un teatro sin teatro donde la escena era la pura puesta del habla: relatos confusos, quebrados, fragmentarios, esquivos, huidizos, donde cada narrador intentaba articular un relato para exponer historias vividas que se tejían en la inestabilidad de la narración en primera persona. Teatro Ojo retomaba el foro para, al preguntar por el pasado, abrir la figuración del porvenir en aquello que se intuye, quizá porque ya ha llegado, que viene.

Fue en ese foro que entendí que no era la única soñando con olas. Además de la presencia constante de terremotos, en las sesiones de Lo que viene un sueño recurrente entre los participantes eran las olas. Yo solía pensar que mi fijación con las olas era el resultado de la fascinación que éstas me provocaban desde niña. Mis padres, que no sabían nadar, me habían metido a clases antes de que siquiera pudiera caminar. Desde entonces, cada vez que íbamos a la playa me metía en el mar, para terror de mis padres y divertimento mío, hasta desaparecer. Una noche, tendría 16 años, acampaba con mis amigos en la costa de Guerrero y hubo una tormenta. Iba a meterme en el océano cuando un pescador que estaba refugiándose de la lluvia junto a nosotros me dijo: -en este mar sólo tienes una oportunidad de entrar y otra de salir. Ya no quise nadar.

Lo que entendí ese día en el foro es que el presentimiento de lo irremediable no era una sensación personal que me acosaba al dormir. Lo que la ola manifestaba en muchos de nosotros no era lo vasto, sino el miedo. La operación de Teatro Ojo de interrogar colectivamente sobre los sueños partía de la idea de replicar la operación de Charlotte Beradt que entre 1933 y 1939 recogió un corpus de sueños en Alemania. Éstos como señala Didi-Huberman eran “un documento psíquico del totalitarismo, del terror político en cuanto proceso obsesivo –obsesionante- hasta en lo más profundo de las almas”. (Didi-Huberman, 2012, p. 104). Teatro Ojo intuía que en la memoria de estos años, en los sueños y presentimientos de futuro habría algo con que empezar a trabajar. Con esos “mínimos temblores” querían volver a lo público, figurar el miedo para hacer aparecer el reclamo.

Lo que viene, Teatro Ojo, 2012.

Lo que viene, Teatro Ojo, 2012.

Lo que viene, Teatro Ojo, 2012.

Lo que viene, Teatro Ojo, 2012.

VIII

Mientras las personas ahí reunidas tartamudeábamos intentando significar con los otros o ante ellos lo que nos había pasado en estos seis años, en una esquina una pantalla mostraba un video de los avances del memorial que el gobierno erigía para las víctimas de la guerra contra el narco.

Sólo unos metros separaban a Lo que viene del “Memorial a las víctimas del delito” que el ex presidente Felipe Calderón mandó construir en el Campo Marte, una propiedad federal que hasta entonces había estado bajo la jurisdicción de la Secretaría de Defensa. El parque no pudo abrir sus puertas durante el mandato de Calderón, el retraso se debió no sólo a la magnitud de la obra sino al creciente malestar expresado por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Éste, que fue un movimiento social encabezado por el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado en la ciudad de Cuernavaca en 2011, se había reunido con el presidente Calderón para exigirle el fin de la guerra al narcotráfico así como el esclarecimiento de los asesinatos y desapariciones. Calderón, en esa reunión prometió impulsar la Ley General de Víctimas, pero una vez que ésta estuvo aprobada por los legisladores fue vetada por el propio presidente. En vez de la ley pactada, Calderón decidió erigir un monumento para las víctimas en propiedad militar.

El espacio fue inaugurado una vez que Enrique Peña Nieto asumió la presidencia y abrió sus puertas al público bajo la invitación: “pinta lo que sientes, expresa lo que piensas”.

El “memorial” es un parque hecho de láminas de acero colosales en las que se puede escribir o borrar, mensajes, recuerdos, consignas. En estas estelas hay inscripciones con fragmentos y frases de reconocidos escritores, así como mensajes en los que puede leerse comentarios como “Alfonso Arqui Medina te extrañamos!” o “te amo Marcela”. Los nombres que figuran en los escritos pueden, o no, ser parte de las víctimas de la violencia de los últimos años, pero no hay manera de saberlo porque no hay un registro oficial ni este “memorial” pretende generar ningún compromiso para elaborar un proceso judicial para esclarecer las muertes y llevar a juicio a los responsables, directos e indirectos, de los crímenes de esta guerra.

El “memorial” pasó, como lo pretendía la propuesta del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, de ser un espacio para cuestionar la violencia de estado y desde ahí plantear qué memoria sería posible o, si acaso sería posible, a un monumento que espera que el desajuste se resuelva en la conmemoración, que constituye el espacio público desde el ejercicio de la fuerza simbólica del poder, con un mausoleo. Espacio donde lo que se pierde y se cancela es la posibilidad de la aparición.

Lo que viene, Teatro Ojo, 2012.

IX

 [9]

Aparición. [10] No es un problema de visión, sino la posibilidad de la política. Condición necesaria para construir lo que Hannah Arendt llama la realidad, un mundo común, un mundo en-común que nos junta y a la vez nos separa. Más allá, y rompiendo con cualquier fundación de la política basada en la naturaleza del hombre, el contrato social, la vida familiar o el origen de la comunidad por la posesión de lenguaje para describir lo justo y lo injusto, el mundo común es el que se construye como espacio de aparición. Así lo define la propia Arendt:

El espacio de aparición cobra existencia siempre que los hombres se agrupan por el discurso y la acción, y por lo tanto precede a toda formal constitución de la esfera pública y de las varias formas de gobierno, o sea, las varias maneras en las que puede organizarse la esfera pública. Su peculiaridad consiste en que, a diferencia de los espacios que son el trabajo de nuestras manos, nos sobrevive a la actualidad del movimiento que le dio existencia, y desaparece no sólo con la dispersión de los hombres –como en el caso de grandes catástrofes cuando se destruye el cuerpo político de un pueblo- sino, también con la desaparición o interrupción de las propias actividades. (Arendt, 2012, p. 225)

El espacio de aparición, siguiendo el argumento de Arendt, no depende de una determinada asignación de lo público ni de una configuración del Estado, sino que se constituye en la agrupación y solo puede ser destruido con la desaparición del pueblo.

Una manera de definir lo que sucede en México es la idea de una dominación de amplio espectro donde guerra y crisis se entrelazan. [11] Estas condiciones de violencia intentan limitar y desarticular el tejido social con un poder cada vez más autoritario. Paradójicamente, éste último ya no está en un cuerpo, sino que se disemina en una multiplicidad de organismos descoordinados en los que ya no hay un cálculo político sino una pura administración de beneficios. Así, el miedo y la criminalización son parte de un dispositivo de disciplinamiento que busca el cese de las actividades. En estas condiciones la pregunta por la posibilidad de la aparición se vuelve central pues quizás ahí resida alguna posibilidad de hacer política.

X

La estética no solo trabaja con el arte sino que, más allá de objetos y experiencias, define las condiciones de posibilidad de lo sensible y la sensibilidad. En este sentido, la estética es la pregunta por lo que aparece, por cómo aparece lo que se aparece. Si bien es claro que la estética es un categoría muy cargada, es posible trazar una genealogía que nos permita establecer una crítica a las condiciones de aparición.

Siguiendo el planteamiento de Kant en la Primera Crítica, revisado por Foucault y re-pensado por Rancière, la estética se presenta como aquello que determina las formas del aparecer y desde las cuales se distribuyen las formas de lo sensible generando un reparto de visibilidades y enunciaciones que ya son políticas.

Es importante entender cabalmente el sentido de estas políticas del aparecer y entender cómo es que lo sensible configura un campo específico de experiencia que establece los marcos desde los cuales opera la distribución.

Bajo este esquema, lo político es una cosa estética porque tiene que ver con apariencias. Apariencias que aparecen por una ley general que determina la distribución de funciones y roles en la comunidad –que en Rancière se denomina la “policía”- y aparición que se genera como acción, como proceso de desacuerdo que reta, a partir de una subjetivación que se piensa como des-identificación, esa ley del aparecer y que en Rancière es la política misma. Como él mismo lo define:

Propongo ahora reservar el nombre de política a una actividad bien determinada y antagónica de la primera: la que rompe la configuración sensible donde se definen las partes y sus partes o su ausencia por un supuesto que por definición no tiene lugar en ella: la de una parte de los que no tienen parte. […] La actividad política es la que desplaza a un cuerpo del lugar que le estaba asignado o cambia el destino de un lugar; hace ver lo que no tenía razón para ser visto, hace escuchar un discurso allí donde el ruido sólo tenía lugar, hace escuchar como discurso lo que no era escuchado más que como ruido.(Rancière, 1996, p. 45)

Bajo la distinción de Rancière entre lo político –ley del aparecer- y la política –desacuerdo sobre la previa distribución- queda claro que el aparecer es siempre estético, pero, en el caso de lo político marca una forma de identificación y, en el caso de la política, se genera un desacuerdo con las formas de distribución que permiten la aparición de nuevos sujetos políticos. La propuesta de Rancière sobre la “estética de la política” es interesante pues, de alguna manera, permite complejizar la propuesta de Hannah Arendt sobre el espacio de aparición para pensar en dos momentos, uno que se establece como ley y otro que sería propiamente el momento de la política.

En este sentido, la política puede pensarse como una manifestación que deshace las ordenaciones sensibles del orden policial mediante una serie de intervenciones que, bajo la idea de la actualización y comprobación de la igualdad, permite que los marcos de aparición se transformen para abrir otros campos de experiencia. Esta noción de política rompe con la teoría política clásica y moderna que busca un fundamento de la comunidad, aquí el único principio es que no lo hay y que ésta es una actividad que permite poner en cuestión la distribución de lo sensible. La política entonces ocurre cuando, a pesar de lo improbable, hay apariciones.

XI

Si bien el trabajo de Teatro Ojo lleva más de una década interrogando cómo un teatro sin teatro puede intervenir en la memoria para desestabilizar la historia [12], en Lo que viene la operación supuso retomar las condiciones políticas del teatro para, en una relocalización de la escena, hacer aparecer lo común. La escena etimológicamente marca el espacio de aparición de los actores para representar en la tragedia griega el conflicto entre el oikos y la polis. En la apropiación de este teatro sin teatro, la escena marca la apertura espacial y temporal de una aparición. Lo que la deslocalización teatral parece marcar en el trabajo de Teatro Ojo es que una vez arrasada el ágora, la escena puede ser el lugar de lo político y ésta se instala en la calle, la ruina, la cancha de fútbol o los pasajes de la ciudad.

En el caso de Lo que viene, aunque el proyecto haya sido realizado en un teatro, el espacio no construía una representación teatral. Siguiendo los pasos de la vanguardia -teatro del absurdo, del distanciamiento, de la crueldad- buscaban en el arte la posibilidad de lo público. Un lugar desde el cual salir de lo privado, del alejamiento del mundo para hacer aparecer nuestros temores, nuestros balbuceos, nuestro tartamudeo, ante los otros-con los otros. Para reclamar, como lo hiciera Antígona, que si nuestro duelo es público es porque es político.

La fortaleza de lo privado, de lo íntimo, de lo individual, las sublimaciones emancipatorias en comunidades cerradas y excluyentes son una manera de desvanecer el mundo común, de debilitar la posibilidad de antagonismo, de discrepancia, de desacuerdo. Hay que tenerlo en claro, tener un mundo en común, aparecer ante los otros, es afirmar que si bien hay un mundo en común, hay una variedad de posiciones, una total diversidad de formas de comprensión y de deseo. El supuesto del reconocimiento, en el amor o en el odio –en las figuras de identificación que fundan la teoría política moderna como amigos o enemigos-, no puede ser la base del estar “con”. Como dice Butler citando a Hannah Arendt, “uno no escoge con quién cohabita el mundo” [13], su propio estar ahí, su propio aparecer establece su derecho de ser y de estar.

XII

Cártel de búsqueda 43 estudiantes desaparecidos, Gobierno del Estado de Guerrero, 2014.

A principios de octubre de 2014 apareció una serie fotográfica con los rostros de los normalistas desaparecidos. El montaje estaba compuesto por fotografías que en México denominamos “tamaño infantil”. En el retrato, el encuadre está centrado en el rostro que aparece sobre fondo blanco. Estas fotografías son utilizadas para documentos oficiales y tienen la característica de estar tomadas en estudios pues éstas no pueden ser ni instantáneas ni digitales.

En esta serie se ven los rostros de cuarenta estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa. Tres de ellos están representados por una silueta presumiblemente masculina, que siempre es la misma, con el pelo un poco largo y que contrasta con el cabello corto y engominado de los estudiantes retratados. Casi todos ellos están serios. La mayoría parecen todavía niños, aunque muchos de ellos tienen la mirada severa.

Probablemente las fotografías provienen de los archivos de la propia escuela y fueron entregadas a las autoridades para iniciar la búsqueda sin perder tiempo. Irremediablemente su índice, “eso-que-ha-sido”, está fijado en el propio aparato institucional.

Esta serie fue utilizada oficialmente para su búsqueda pero también fue apropiada de manera espontánea en las protestas en múltiples variables. Ella, desde esta apropiación, no es sólo un conjunto de rostros sino una comunidad de rostros. En esta comunidad, siguiendo a Didi-Huberman en Pueblos expuestos, pueblos figurantes, se figura una parcela de humanidad desde la que se expone un pueblo.

Dichas imágenes recuerdan a las fotografías clínicas de Philippe Bazine. En ellas, se exploran rostros de recién nacidos, mujeres o ancianos tensando de manera radical la frialdad del encuadre con el pathos del rostro. Ahí pareciera que, como explica el mismo Bazin en el libro de Didi-Huberman, “todos esos rostros que avanzan hacia nosotros, que nos miran, y cuya carne tiene una presencia extrema, van a reconstruir mentalmente el sentimiento del pueblo”. (Bazin, 1997-1998, p. 72)

La serie de los normalistas se estructura con fotografías de identificación, hechas a partir de un aparato de clasificación que parte de los saberes y formatos de la antropología forense. La crudeza de la imagen, su aspecto técnico y clínico hacen que la serie marque un régimen estético, aquél que los hizo invisibles. La apropiación de ésta en la protesta llevó el gesto burocrático a uno político en tanto que esa imagen se convirtió en la denuncia de ese mismo reparto que los excluyó en cuanto la parte sin parte. Es decir, en tanto pueblo.

La imagen de esta comunidad de rostros contrasta con las selfies que circulan constantemente en Internet y desde la que se instaura el “yo” como cara. Este rostro colectivo muestra algo que no tiene representación. Como lo explora Didi-Huberman, lo que se ha denominado “la gente” está representada por ricos y famosos. El pueblo es un significante vacío que sólo toma rostro en la aparición de un reclamo. La circulación de esta serie en redes sociales, su acompañamiento en las protestas, su presencia en las calles y en obras de arte ha hecho aparecer un pueblo que está siendo expuesto a su desaparición.

No sólo son los 43, son miles de otros y otras sin nombre y sin rostro que se han esfumado y que hemos dejado desaparecer. La violencia en México está, por las condiciones descritas anteriormente, golpeando principalmente y con mayor brutalidad a grupos marginalizados: mujeres solas y trabajadoras, jóvenes sin trabajo, migrantes y población rural.

¿Qué fue lo que ocurrió con los estudiantes de Ayotzinapa que hizo visible su desaparición? Sin duda fue la evidencia del contubernio, o aún peor, la imposibilidad de diferenciación entre autoridades y crimen organizado. Pero también fue el hecho de que éstos fueran estudiantes, representación que convoca a los afectos de una historia de represiones y que es imposible de silenciar. De no haberlo sido, seguramente los 43 estudiantes desaparecidos no tendrían rostro y pasarían, como la mayoría, inadvertidos entre las notas del diario.

La fuerza del caso de Ayotzinapa es que la comunidad de rostros que ha aparecido nos obliga a ver a ese pueblo expuesto que hemos dejado desaparecer.

Gustavo Ruíz Lizárraga.

Gustavo Ruíz Lizárraga.

Oswaldo Ruíz, marcha del 20 de noviembre 2014.

Oswaldo Ruíz, marcha del 20 de noviembre 2014.

Gustavo Ruíz Lizárraga

XIII

Desde su desaparición aparecí con otros. Salimos a la calle [14] para negarnos a ser este puro vacío que esquiva a la muerte por ser nada. Estar juntos no me quitó el miedo, pero rompió el encantamiento. Han sido instantes que no logran, todavía, delinear un movimiento. Pero, su aparición, nos permite asumir que la política no está dada y que la única manera de imaginarla será insistiendo. Una y otra vez, aquí y en cualquier parte. Como afirma Didi-Huberman:

Sólo de nosotros depende no ver desaparecer a las luciérnagas. Ahora bien, para ello debemos asumir nosotros mismos la libertad de movimiento, la retirada que no se repliegue, la fuerza diagonal, la facultad de hacer aparecer parcelas de humanidad, el deseo indestructible. Debemos por tanto, convertirnos nosotros mismos –en retirada del reino y de la gloria, en la brecha abierta entre el pasado y el futuro- en luciérnaga y volver a formar así, una comunidad del deseo, una comunidad de fulgores emitidos, de danzas a pesar de todo, de pensamientos que transmitir. Decir sí, en la noche surcada de fulgores y no contentarse con describir el no de la luz que nos ciega. (Didi-Huberman, 2012, pp. 119-120)

Habrá que tener la paciencia y la inteligencia de saber dirigir esos afectos, para generar una crítica que nos mantenga negando cualquier naturalización. Porque siempre todo puede ser de otra manera, aunque, de hecho, nunca lo sea. Habrá que, en contra de las formas de aislamiento contemporáneas basadas en la parálisis y sometimiento, organizar, como ya recomendaba Benjamin, el pesimismo, [15] para, a pesar de todo, aparecer.

Intervención, Contingente láser, 2014.

XIV

Todavía sueño con olas.


Referencias

Arendt, H. (2012), La condición humana, Madrid, Paidós.

Arendt, H. (1970), On Violence, USA, HarcourtBooks.

Arendt, H. (2006), On Revolution, USA, Penguin Classics.

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Notas

[1Este texto tiene como base la presentación realizada en el SITAC XI. Aprovecho para agradecer a Contingente láser, Siempreotravez, Oswaldo Ruíz, Gustavo Ruíz Lizárraga, Iconoclasistas, Francis Alÿs y Rafael Ortega por permitirme usar sus materiales; a Julien Devaux porque la imagen de las luciérnagas apareció con su pieza de Noche Buena y, finalmente, a Teatro Ojo y a Cuauhtémoc Medina porque el trabajo con ellos me ayuda a no cerrar los ojos.

[2Actualmente en México hay 245 Escuelas Normales Públicas, de ellas 17 son Escuelas Normales Rurales. Éstos son proyectos educativos que nacen de la Revolución Mexicana en donde ha habido un trabajo profundo con las comunidades campesinas altamente marginadas. En ese sentido, ha sido un campo de trabajo educativo, pedagógico y político que, en algunos de los casos, ha coincidido con proyectos de corte revolucionario o guerrillero. Por estas razonas, las Escuelas Rurales han estado altamente vigiladas y desde hace muchos años están en tensión tanto con gobiernos municipales como con el gobierno estatal por la limitación de presupuestos y recursos. Bajo esta situación, los estudiantes han desarrollado estrategias de presión con toma de autobuses y casetas de carreteras lo que ha generado enfrentamientos cada vez más violentos. De hecho, antes de la desaparición de los 43 estudiantes en diciembre de 2011 hubo un enfrentamiento de estudiantes de la Escuela Rural Raúl Isidro Burgos con la policía estatal de Guerrero ante el bloqueo de la autopista del Sol, que conecta la ciudad de México con el puerto de Acapulco. En este choque murió un joven y otros tantos fueron detenidos. En este sentido, en toda la trama que encierra el caso de los 43 hay que entender el contexto de las Escuelas Normales Rurales pues supone un foco de tensiones entre estudiantes, campesinos, guerrilla, policía, militares y ahora también grupos del narcotráfico.

[3Los restos encontrados en el río San Juan en el municipio de Cocula fueron enviados al Laboratorio de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck en Austria. De esos restos, sólo han podido ser identificados Alexander Mora y Jhosivani Guerrero de la Cruz, éste último a casi un año de la desaparición y con un resultado que no puede ser concluyente. Sin embargo, el Equipo Argentino de Antropología Forense, que ha acompañado buena parte del proceso a petición de los padres de familia y de la sociedad civil, si bien reconoce la identificación no ha certificado de dónde viene el fragmento del hallazgo. Dejando abierta la posibilidad de que los restos encontrados en Cocula no pertenezcan a los estudiantes desaparecidos y que los fragmentos que sí corresponden provengan de otro sitio.

[4El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes está compuesto por Alejandro Valencia Villa, Ángela María Buitrago, Carlos Martin Beristaín, Claudia Paz y Paz Baile, Francisco Cox Vial.

[5Si bien hubo varios reporteros e investigadores que en el momento señalaron la existencia de un quinto autobús, no fue hasta la aparición del Informe y la recomendación del GIEI que se ha investigado más el tema. A partir de ahí se ha hablado de la existencia de una ruta de transporte de heroína entre Guerreo y Chicago. El quinto autobús se ha vuelto muy importante para entender no sólo la virulencia del ataque sino la configuración de éste y el involucramiento de las autoridades locales y federales.

[6En 1929, para afrontar la crisis desatada por el asesinato del presidente electo, se fundó el Partido Nacional Revolucionario; unos años más tarde, e 1938, se transformó en el Partido de la Revolución Mexicana para dar forma, en 1946, al Partido Revolucionario Institucional. Los cambios de nombre fueron acompañados de modificaciones en la organización que hicieron posible que la agrupación se adaptara a los nuevos tiempos.

[7Estas cifras se basan en el informe que reveló el Centro de Investigaciones para el Desarrollo A.C. de México el 26 de agosto de 2012. Algunos datos arrojan que en los primeros dos años de la administración de Peña Nieto desaparecieron 9,384 personas. Confrontar: Campa, Homero. Proceso, Febrero de 2015: http://www.proceso.com.mx/?p=395306 (consultado: 29.10.2015)

[8Lo que viene se presentó en el Teatro el Galeón de la ciudad de México del 18 de octubre al 11 de noviembre de 2012. Para ese proyecto participaron dentro del colectivo Teatro Ojo: Héctor Bourges, Karla Rodríguez, Laura Furlan, Patricio Villarreal, Jorge Pérez Escamilla, Itzel Aparicio, Emanuel Bourges, Gisela Cortés y Elizabeth Pedroza

[9Esta sección y el apartado de Rancière fueron previamente publicados en el artículo “Occupying the Space: the Battle for Politics” en la revista digital The Salon.

[10El concepto de “aparición” será central para nuestra argumentación. Lo retomamos de los planteamientos de Hannah Arendt en La condición humana donde desarrolla el problema del “space of appearance” que, en español, es traducido como “espacio de aparición”. Las palabras “appearence” y “apariencia” proceden del latín apparitĭo, -ōnis. En el siglo XIII se utilizaban en el sentido de “entrar a la vista”, “acción o efecto de aparecer”, está registrado que para el siglo XIV se utilizaba también en sentido de “semejanza”. Ambas nociones, sumadas al uso de “visión de un ser fantástico o sobrenatural” están presentes en la actualidad. Esta ambivalencia de sentido hace complicado el uso de la categoría de aparición ya que arrastra un sentido, por un lado, místico y por el otro, de la dualidad original y semejante que se anuda al problema de la verdad y la apariencia. Sin embargo y quizá por este mismo embrollo, la aparición es central para romper las configuraciones políticas que afirman un orden natural. La aparición lo que problematiza es cómo aparece lo que aparece, es por tanto una cuestión estética a la vez que epistemológica y política.

[11Esta descripción de la situación en México ha estado articulada por Dolores González Saravia, Coordinadora de Procesos de Transformación Positiva de Conflictos del organismo civil SERAPAZ. Escuchado en el 2do y 3er Foro de Cultura y Emergencia Social realizados respectivamente en diciembre 2014 en Casa del Lago y en enero 2015 en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

[12En proyectos como México mi amor, nunca mires atrás se generó un archivo auditivo para tensionar el proyecto de modernización en el espacio mismo donde se cayeron algunos de los edificios del Multifamiliar Juárez en 1985. Este espacio fue panteón, Estadio Nacional, joya de la arquitectura modernista mexicana y, posterior a la caída de los edificios por el terremoto, cancha de tierra de futbol para los vecinos de la zona. Teatro Ojo intervino el espacio para abrir la ruina y preguntar por las capas y capas de historia que se acumulaban.

[13Filar, R. (2014) ,“Willing the impossible: an interview with Judith Butler”, Transformation, disponible en: http://www.opendemocracy.net/transformation/ray-filar/willing-impossible-interview-with-judith-butler (consulta: 22.07.2015).

[14Si bien siempre se pone en duda la eficacia de las protestas y, en efecto, no ha sido posible desde ellas articular un movimiento de consecuencias políticas contundentes, lo que es cierto es que éste ha logrado varias cosas tangibles, entre ellas el mandato por parte de otro periodo de la GIEI para continuar con la investigación. Esto abre la posibilidad de obtener más respuestas y tener una presión para que el gobierno asuma las recomendaciones que este organismo ha sugerido.

[15La famosa referencia a la organización del pesimismo de Walter Benjamin, que también está presente varios textos de Didi-Huberman, se encuentra en el pequeño texto “El surrealismo, la última instantánea de la inteligencia europea”. Creemos que esta frase describe cómo Benjamin desconfiaba del optimismo de los socialdemócratas, y ésta era la única manera de salvarse de la anestesia que provocaba el discurso lleno de optimismo. La única manera de contraponer la confianza que cegaba a los hombres con la promesa del progreso era desconfiar de él; la única manera de no caer presa de los fanatismos totalitarios era desconfiar, y Benjamin, hace de su pensamiento un arte de la desconfianza. En su desconfianza, ve en el surrealismo un pesimismo que se opone al sueño del progreso, que vuelve su rostro hacia la existencia surrealista de la realidad. El surrealismo, así como el comunismo, organizaban el pesimismo, y esto para Benjamin no significaba caer en un nihilismo que negara toda posibilidad de acción positiva. En este sentido, y bajo los nuevos mecanismos de encantamiento, es posible retomar la idea la organización del pesimismo para articular otros modos de existencia.