Re-visiones #8

Editorial

Yo ya solo escribo cosas que puedo leer con otras

Gelen Jeleton (María Ángeles Alcántara Sánchez)

Artista e Investigadora independiente (gelenjeleton@riseup.net)

Pablo Martínez

Macba Museu d’art Contemporani de Barcelona (pmartinez@macba.cat)


Cada número de Re-visiones comienza su recorrido con una convocatoria para el envío de originales. La llamada anual parte de una urgencia sentida con una poderosa intuición que, en torno a un tema específico, convoca a una comunidad de cómplices a iniciar un diálogo en torno a la escritura y la imagen. El fin último es ampliar un cuerpo de pensamiento que reconozca y afecte unas formas de hacer. En este caso, el call del número se preocupaba por revisar el propio marco que le daba sentido: la universidad, las revistas indexadas y sus protocolos, los procesos de calificación académica, la propia escritura descarnada y vuelta a encarnar, la legitimidad de los saberes no académicos o no reconocidos como tales, así como la construcción de comunidades centradas en la investigación basada en la práctica. Quizás valga la pena recordar un fragmento de aquello que movilizaba nuestro deseo como investigadoras fuera de la academia, para llamar a todas las que aparecen en este número. Comenzaba así:

La última década ha sido testigo activo de numerosos y continuos gestos de disidencia colectiva y disenso que muestran un compromiso crítico con lo público ante la amenaza neoliberal y su violencia estructural. La universidad y el museo, como instituciones públicas implicadas en la producción de conocimiento, han sido objeto de una incesante intervención por parte de políticas austericidas de los estados que junto a las corporaciones privadas introducen progresivamente la deuda como una forma de disciplinamiento de las subjetividades. En paralelo, la implantación del sistema de puntos para la acreditación de los méritos ha introducido la lógica de la acumulación en los currículos. Con ello se estandariza oficialmente el saber y se potencia una forma de conocimiento en base a intereses económicos que vinculan la investigación con el desarrollo y la innovación productiva.

Sin duda, uno de los mayores problemas que tiene la academia actual es el marco normativo sobre el que se construyen sus bases. Unas reglas que, en el caso europeo, tienen su punto de origen en 1999, en la declaración de Bolonia. Para regular la educación en Europa, este acuerdo pone el acento en la construcción de un sistema basado en unos procedimientos que organizan de manera biopolítica las vidas de quienes operan en la academia y unos mecanismos que aíslan la universidad de cualquier proceso que exceda a sus propias lógicas internas. Frente a esto, y prueba de ello es este número, existe un magma de prácticas que van más allá de esas normas y sienten la universidad como un espacio de posibilidad, como el lugar en el que colarse a hurtadillas y robar todo lo que se pueda. En este sentido, quisiéramos apelar a las bases materiales de Re-visiones, una revista universitaria dependiente de un I+D de los escasos fondos que el Estado español invierte en investigación y desarrollo (uno de los más bajos de la zona euro) en la que participan mayoritariamente agentes situados en el dentro-fuera de la universidad (profesores asociados precarizados, recién doctorados, artistas, investigadores independientes…). Por otro lado la condición bilingüe de la revista, además de dotar de mayor puntuación en la economía del capitalismo académico (y que impacta de manera considerable su economía), la abre a una comunidad internacional mucho más amplia que la hispanohablante; pero, al mismo tiempo, la ata a la hegemonía del inglés como lengua académica y subraya nuestra posición subalterna ante el marco europeo de pensamiento, tan alejado (y añadiría que tan poco interesado) en las epistemologías de la periferia europea. Todas las personas que participamos en este número reivindicamos la universidad pública como un espacio propio y por ello nos podemos considerar sus “constituencies”, esas fuerzas externas e internas que luchan de manera agonista con la propia institución por iniciar procesos que la sacudan y la alejen de la parálisis a la que “las agencias de calificación” la someten, cuando sitúan la investigación en rankings, competición y soledad. Estamos de acuerdo con el posicionamiento de Mieke Bal en su decálogo “en contra del sistema de dictaminación por pares” (2018). Por ello, la revisión en este número más que apelar a la voz del experto para dictaminar su parecer sobre el trabajo de quienes han presentado sus propuestas al dossier (que por otra parte se supone con necesidad de acumular reconocimiento por su rango menor, lo que introduce algo de perversidad en el sistema), hemos decidido seguir otras formas ya aceptadas y hemos solicitado a las autoras un listado de posibles investigadoras que pudieran dialogara críticamente con sus textos. El proceso ha cambiado la revisión y desde la camaradería, le hemos vuelto a dar sentido. En definitiva, hemos pretendido pensar en las ecologías de la academia, como prácticas del cuidado y como una fórmula para resistir y generar ecosistemas, lecturas cruzadas, discusiones sentidas desde la seriedad, la vulnerabilidad y la solidaridad interdependiente.
Nos interesa reivindicar que las “normas para los autores” puedan incorporar por fin la posibilidad de escribir, leer, actuar y escuchar juntas. Por ello el número de la revista se abre con un texto colectivo, producido por el CCC PhD-Forum en el que se plantea la investigación doctoral construida como una red de prácticas que reconocen como potencia la diferencia metodológica, epistemológica y cultural; no solo a nivel estratégico sino estructural. Como este hay otros dos colectivos, uno firmado por un grupo de estudiantes de la última edición (el bienio 2017-18) del Programa de Estudios Independientes del Macba y otro escrito por una pareja, Yera Moreno y Melani Penna.  En su texto, Yera y Melani reescriben enunalengua bollera historias gramaticalesy muestran sus precariedades y los ritmos hiperproductivos a los que conduce la academia neoliberal. Ellas invocan como referencia a una de sus madres, esas personas que solo y en el mejor de los casos aparecen en el apartado de agradecimientos de las tesis doctorales; y es que el trabajo reproductivo es también algo secundario para la academia. Como a su abuela invoca también Miren Jaio quien, como Maite Garbayo-Maetzu, reivindica la oralidad como una forma legítima de transmisión del saber. La lengua bollera y marica aparece de nuevo en Pedro Tadeo Cervantes García quien refiere a una Lengua que se impone (con mayúsculas) y unas lenguas menores cuir que hacen suyos los insultos. Prácticas feministas y descoloniales que aparecen también en el ensayo de Rían Lozano de la Pola, cuando narra la experiencia docente colectiva en una universidad pública mexicana donde la propia existencia está en peligro. Una vez más, en el curso del dossier de este número se evidencia la importancia de poner las vidas en el centro de la academia. En esta dirección, Viviana Silva Flores muestra cómo una tesis doctoral en bellas artes sobre imágenes de desaparición forzosa no puede utilizar procedimientos desde la distancia científica de la observación sin observador. Y, en la conversación de Leire Vergara con su directora de tesis y amiga Irit Rogoff, describen aquellas otras academias existentes dentro de la academia que reclamara Selina Blasco, al constatar los afectos que se construyen en torno a la escritura de una tesis. Quizás la afirmación de Rogoff en la entrevista de que “Ya no creo como antes en la separación entre teoría y práctica, pues me considero una practicante para quien la teoría es una de las principales herramientas” sirva para resumir qué se entiende por una investigación basada en la práctica y por la necesaria disolución de la diferencia entre teoría y práctica.
El número contiene apuestas por la baja teoría, como las “impresiones superficiales” de Selina Blasco, la incorporación de la ficción, el anonimato y la recuperación de papers desechados por otras revistas académicas por poco “científicos” en Xavier Bassas, la invocación a la alteridad en la construcción de comunidades de aprendizaje por parte de Belén Sola o la reclamación del “arte que no se ve ni escucha”, a partir de la experiencia zapatista que describe Rocío Noemi Martínez González. Una reivindicación del hacer desde abajo que es común en todo el número, reclamando una necesaria contaminación epistemológica y una mirada decolonial sobre la propia noción de arte. Que el arte, como la teoría, no puedan ser más una mercancía, sino materialidades con cuerpo y almas nos dice Rocío Noemí. También proposiciones como la de Alejandro Cerón en Términos & Condiciones quien alude a la desidentificación y los procesos perfomativos de desplazar o descentralizar modos de producción dominantes.
Una parte central del número está dedicada al archivo, por su importancia en la construcción y ordenación del saber. En Memoria e historia y el acto de recordar, Marina Gržinić describe las operaciones de amnesia-afasia-incautación que ha desplegado el capitalismo desde el fordismo hasta las más violentas formas de necropolítica actual. Al hilo de este ensayo, el Focus del número está dedicado a dos recientes prácticas de investigación curatorial y pedagógico-curatorial que han dislocado el archivo desde la recuperación y reelaboración de cuestiones que han quedado fuera del archivo, como las prácticas de gráfica-activista promovidas por los movimientos lesbianos, maricas, queer y trans en las últimas décadas en el Estado español. La contribución de Fefa Vila narra algunas de las experiencias desplegadas con relación al ¿Un archivo queer? en el Museo Reina Sofía y por su parte el texto ARXIU DESENCAIXAT constituye una experiencia situada para des-heterosexualizar el archivo.
Cierran el número dos reseñas, en esta ocasión no tanto de libros como de dispositivos que permiten y posibilitan la lectura colectiva y la construcción de comunidades de conocimiento y aprendizajes, como son la editorial Taller California, Proyecto Editorial Independiente y Transfronterizo) por María del Socorro (Coco) Gutiérrez Magallanes y el acercamiento de Jara Rocha a La mundoteca caníbal, en la que define una posible infraestructura trans*feminista y lo que ello implicaría.

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Barcelona y Murcia, 19 de diciembre de 2018

* en el caso de que no se indique lo contrario, las referencias a enlaces de internet en los artículos de este número han sido revisados el 15 de diciembre de 2018


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HAR2013-43016-P I+D Visualidades críticas, reescritura de las narrativas a través de las imágenes