Re-visiones #8

Dossier

Términos & condiciones

Alejandro Cerón

Artista (info@alejandroceron.com)

Traducido por Alejandro Cerón


Resumen

El estudio (Moten y Harney, 2013) y la desidentificación (Muñoz, 1999) son términos que podrían ser entendidos como condiciones para una producción divergente no individualizada. Estas estrategias son productivas en la manera en que (de)generan; constructivas a través de su insistente rechazo de lo instituido. Identificando conexiones entre estas estrategias, el texto apunta su potencial transformador: ¿podrían estos procesos perfomativos desplazar o descentralizar modos de producción dominantes?

Marcando el tono y carácter de la escritura, la introducción define la forma y el contenido como partes no jerárquicas que se complementan entre sí. Se describe la precariedad gubernamental (Lorey, 2015), esto es, la precariedad como objeto de gobierno. Si la vida está enredada dentro de los ámbitos de lo social e institucional, podría ser interesante especular sobre modos de producción colectivos. El texto aporta A friend to the idea (Sully, 2016) y Who moves and who doesn’t? (Ngamcharoen, 2018) como posiciones dentro del ámbito de la producción de arte crítico institucional. Dentro de un contexto académico, estas performances abordan las condiciones de producción a través de una crítica transversal.

Palabras clave

Estudio; desidentificación; precariedad: producción.


 

1. Términos negativos como condiciones de producción. Introducción

La academia es una de las muchas instituciones que afectan la producción de la subjetividad y lo social. Si tuviéramos que reflexionar acerca de su estado, agenda e infraestruturas, sería útil identificar cómo se legitiman las instituciones. ¿No pasamos a formar parte de las instituciones mediante su uso?

Basadas en la cultura y el conocimiento, las instituciones son cuerpos políticos y administrativos que generan la realidad en la que vivimos. A menudo, estos objetos financieramente co-dependientes distribuyen la contradicción que habitamos. La escritora y académica bell hooks apunta que “en una cultura de dominación, casi todos practicamos comportamientos que contradicen nuestras creencias y valores.”1 La crítica institucional, por ejemplo, legitima el objeto que critica. En la actualidad, irónicamente institucionalizada, esta práctica, al exponer las condiciones trascendentales de las instituciones, las amplifica en lugar de socavarlas.2 Prácticas especulativas y transversalmente institucionales basadas en una esperanza en peligro de extinción, articulan potencialidades de cambio. Enredados en relaciones sociales de dependencia mutua es como articulamos estas potenciales capaces de atravesar el enredo institucional desde dentro.

Si continuamos deconstruyendo la legitimación institucional, nos encontraríamos de nuevo enredados con los términos y condiciones productivos. Como parte de las instituciones en las que nacemos y las cuales perpetuamos, para rechazarlas, deberíamos primero reconocer las condiciones sociales e históricas de su producción. Constantemente disputadas, en continua (re)forma, las circunstancias, líquidas, abstractas y concretas, son, en mayor o menor medida forzadas y elegidas. ¿Cómo influyen estas condiciones cuando el objeto de la producción es el sujeto humano y lo social?

Si bien algunas condiciones son impuestas por el medio, la mayoría son construcciones regidas por una agenda o una hoja de ruta específica. Estas construcciones forman diferentes modos de gobernar y hacer política. Conviene recordar que las circunstancias en base a las cuales actuamos están forzadas por, a través y en nosotros. La individuación resultado de la precariedad, por ejemplo, en contraste con la precariedad comunal, define la manera en la que nos comportamos y nos distribuimos, la manera en que reproducimos nuestra subjetividad y lo social. La primera parte de este texto se centra en la precariedad gubernamental (Lorey, 2015). El argumento se construye a partir de teorías, apoyadas por la posición práctica de la campaña ‘The Never-never Girl' (La Chica Nunca Jamás, 1971). Producidas y presentadas dentro de un marco académico, las performances especulativas A friend of the idea (Sully, 2016) y Who moves and who doesn’t? (Ngamcharoen, 2018), nos serán útiles para desempaquetar las condiciones de producción descritas a lo largo del texto.

Los términos propuestos como condiciones de la producción son el estudio, tal y como es descrito por Stefano Harney y Fred Moten en The Undercommons: Fugitive Planning & Black Study (2013), y la desidentificación, estrategia performativa articulada por José Esteban Muñoz en Desidentificaciones: Queers of Color y The Performance of Politics (1999). Ambos términos tendrían el potencial de asistir en la desestabilización y (de)generación institucional.
Estos términos y su relación dan forma a la “segunda” parte del texto, la cual, de forma similar al tono del mismo, no está claramente definida, sino que brilla a través de la estructura, en constante estado de devenir. A veces elíptico y un tanto lírico, el estilo del texto podría calificarse de ambiguo o borroso. La estructura presenta inconsistencias deliberadas (quizás poco convencionales) forzando al lector a trabajar en el espacio —con y a través del texto— para conectar los términos dentro del mismo. La escritura fluctúa. Me gustaría pedir paciencia al lector; podríamos llamarlo un ejercicio de esperanza o confianza a priori. Escrito pensando en la forma en base al contenido, ésta refleja el mismo. El texto intenta no obstante privilegiar, ni lo uno ni lo otro. Los conceptos sobre los cuales se especula interactúan y están en constante movimiento, lo cual explicaría cierto grado de repetición. Los términos estudio y desidentificación son ideas fugitivas y desconcertantes, condiciones que confunden y desorientan, se informan y deforman, contaminándose dentro de un proceso incompleto. No son modos productivos perfectamente definidos, sino procesos continuos de ser, estar y hacer en constante movimiento. Como una invitación a pensar y sentir, con y a través de la lectura, este texto sugiere una reconsideración de la forma en que abordamos la reproducción del sujeto y lo social.

Estudio y desidentificación rechazan un presente dominado por el capitalismo racial3. Enraizados en la negación, su potencial (de)generador se encuentra dentro de la cualidad productiva de su negatividad —una ‘esperanza negativa’ constructiva en la forma en que discrepa. Estas condiciones inspiran estrategias imaginativas e inimaginables para desmarcarse del control coercitivo que obliga a la mayoría a adoptar etiquetas preestablecidas y oprime, castiga o margina a las minorías que no se adhieren a las normativas hegemónicas.

El filósofo Theodor Adorno comentó una vez que “la utopía se encuentra esencialmente en la negación determinada de lo que es, y que, al concretarse esto como algo falso, apunta siempre al mismo tiempo a lo que debería ser.”4 Imágenes y comportamientos utópicos alimentan un deseo optimista de acción utópica, la participación y realización de lo que podría ser. En esta línea, Jose Esteban Muñoz se refiere a las “utopías concretas como luchas relacionales localizadas históricamente, colectividades actualizadas o potenciales.”5 Las utopías concretas son las esperanzas de un colectivo, territorios de esperanza educada. Como insistiría Bloch, “la esperanza puede ser decepcionante. Pero tal decepción debe arriesgarse si se quiere resistir a ciertos cul-de-sac.”6

Haciéndose eco, pirateando y ocupando estudio y desidentificación como condiciones, pensando con y a través del trabajo de Anna Tsing, Isabel Lorey y muchas otras, este texto especula y expande portales hacia modos de producción que se desvían de prácticas dominantes.

Estos términos, más y menos que ellos mismos, utópicos y especulativos, no pretenden reemplazar lo instituido, sino desplazarlo o descentrarlo.7 Lleva tiempo (de)generar la percepción de lo instituido. No podríamos decir que lo hayamos logrado, no hay siquiera un objetivo claramente definido, como no hay principio ni hay final en el movimiento de las cosas. En efecto, el estudio y la desidentificación describen modos de ser y producir donde lo incompleto se acepta como certeza y la incertidumbre se asimila como axioma. Evasivas a la hora de ser descritas, en combinación, estas estrategias interseccionales frustran la clasificación institucional, la cual tiende a la reducción. La internalización de estas estrategias implica nuestra insistencia en la negación del presente como es, y nuestro compromiso con lo que podría ser, encarnando modos alternativos de hacer y ser, que afecten y cuestionen instituciones como la academia y sus infraestructuras.

 

1.2. Términos negativos como condiciones de producción. Compartiendo individuación, precariedad y subjetividad

La precariedad es instrucción total y constante, completa optimización e instrumentalización de la vida. Una existencia precaria está gobernada por la regulación, individuación, privatización y financialización del tiempo y el espacio, del cuerpo y lo social; una cuantificación perenne de todo. Los profesores y escritores Stefano Harney y Fred Moten sostienen que, para que ocurra el proceso de precarización, los cuerpos individualizados se someten ante todo a un proceso de subjetivación, adscripción del cuerpo a la carne, requisito que hace posible la idea de corrección.8

Dentro de una infraestructura de recursos como la academia, cuerpos indisciplinados, sin educar, se someten a regulación. La intención de la instrucción es corregir y reformar estos cuerpos, que son asumidos como erróneos o rotos, para que puedan adaptarse y funcionen dentro de una sociedad codificada dominada por abstracciones, o lo que el historiador y economista político Moishe Postone llama ‘dominaciones abstractas’ —“dominación de las personas mediante estructuras abstractas, casi independientes de relaciones sociales, determinadas por mercancía mediada por la mano de obra… la forma de necesidad, impersonal, no consciente y mediada, característica del capitalismo”.9 Cualquier cosa identificada como incivilizada, inapropiada o no convencional ante los ojos normativos, se reconoce como perversa, y por tanto, está sujeta a corrección.

Realidades deshumanizadas son mal llamadas crisis. Podríamos también considerar las crisis resultantes de la precariedad como construcciones alienantes de una estructura que (se) estremece, resultados de un deseo insostenible —extracción, explotación y expansión perpetua. La incertidumbre sigue siendo inherente a lo social, una característica común, perteneciente a la precariedad de la vida, la cual es “dependiente, nunca autónoma, nunca completamente protegible y, por lo tanto, dependiente de las redes, de la sociabilidad y del trabajo asistencial. La precariedad es siempre relacional y, por lo tanto, compartida con otras vidas precarias”.10 La precariedad gubernamental, por contra, es identificable como una herramienta de gobierno. Similar al miedo, es una condición constitutiva de la formulación de políticas neoliberales.

La precariedad no solo está aislada y marginal, sino que también lucha contra sí misma —dependiente de la heteronomía, lucha por la autonomía. Un dominio social siempre se define y depende de un conjunto de normas estructurales impugnadas. Esta visión enfatiza la implausibilidad de la autonomía, y la heteronomía de individuos gobernados por “dominaciones abstractas” culturalmente heredadas.

Siempre presente a través del género, la división y la no remuneración del trabajo reproductivo, se podría decir que la precariedad conecta con razonamientos discriminatorios. Un ejemplo de cómo se ha estructurado e institucionalizado la precariedad gubernamental se puede encontrar en los orígenes sexistas de la industria de trabajo temporal. En 1971, esta industria se redefine con la creación de The Never-Never Girl (Chica Nunca Jamás) por parte de la empresa Kelly Girl Services; un claro caso de la lógica patriarcal  capitalista detrás de la precariedad. Con anuncios apareciendo en publicaciones de recursos humanos en los Estados Unidos, la industria estableció las agencias de trabajo temporal, las cuales rápidamente se convirtieron en una parte legítima de la economía. De esta forma la industria pudo vender la idea de que todos los empleados son desechables y pueden ser reemplazados por trabajadores con contratos temporales precarios.11 En un contexto de austeridad y reducción de costes, esto promovió la percepción del empleado como una carga, un costo que podría minimizarse. A través de un proceso de precarización que se retroalimenta, los sujetos se convierten en objetos, así, solo el producto del trabajo tiene valor. Externalizando los ‘riesgos’ económicos a los trabajadores, la industria fomentó un nuevo consenso cultural sobre el mundo del trabajo.

Imagen 1 

The Never-never Girl, The Kelly Girl, 1971. Nunca se toma ni un día libre, ni vacaciones. Nunca pide un ascenso. Nunca le cuesta un céntimo si no hay trabajo (en tal caso, usted la despide). Nunca pilla un resfriado, tiene un esguince o un diente suelto (al menos no durante su tiempo). Nunca tiene que pagarle el paro, ni la seguridad social. No hay impuesto de contratación tampoco (de cada euro que hace, ella paga hasta el 30%). Nunca deja de complacer (si su empleada Kelly Girl no funciona, usted no paga).

Estrategias negativas de rechazo mediante, con y a través de la resistencia y la desposesión, podrían desplazar el miedo y la precariedad, promoviendo un sentido (de)generativo por debajo de lo común (subcomún)12, a partir del cual podrían florecer prácticas basadas en la mutualidad. En efecto, estudios laborales sugieren que:

Las condiciones sociales óptimas para promover la seguridad ontológica se centran en la solidaridad definida como una unidad cooperativa, en la dependencia mutua y el sentido de responsabilidad colectiva; mientras que, en contraste, la división, la competitividad y el individualismo son condiciones que promueven la ansiedad existencial.13

Dentro del campo de la producción artística, el poder político de una práctica estaría entonces en las relaciones sociales que activa. A la hora de reflexionar sobre la precariedad de la individuación, valdría la pena pensar en prácticas basadas en el tipo de relaciones sociales que nutren o permiten. Dicho de otra manera, las prácticas que especulan sobre lo social —entendido como trenes interseccionales de acción relacional basados ​​en la confianza abierta y la dependencia mutua— podrían contrarrestar la individuación.

“El arte es solo político en la manera en que observa las condiciones de su propia producción; está al tanto de las relaciones de producción dentro de las cuales se genera y trabaja para emancipar estas condiciones.”14 La siguiente obra reúne las cualidades de prácticas especulativas relacionadas con la crítica institucional e infraestructural, en este caso la academia. A friend to the idea (Amiga de la idea) se creó en el contexto de una institución pedagógica, considerando las condiciones de producción de ambos, la obra y la institución que la albergaba.

La obra fue producida con motivo de The Kitchen Not the Restaurant, un formato de presentación acuñado en 2003 y moldeado desde entonces en el Dutch Art Institute (DAI). Este módulo del máster ofrece a los estudiantes la posibilidad de presentar investigaciones independientes y compartir actualizaciones, propuestas, experimentos e intereses. Las presentaciones deben cumplir con dos condiciones: plantear una pregunta y no exceder los veinte minutos. Resulta difícil tener en cuenta las particularidades del espacio expositivo ya que la ubicación cambia a menudo. Como parte del entorno académico, un grupo de tutores y personas invitadas (artistas, teóricos, etc), responden después de cada presentación.

Concebida por la artista Isabelle Sully, A friend to the idea se acercaría al concepto de transversal institucional —acción interseccional, especulativa y/o (des)identificativa que opera dentro y a través, a favor y en contra de la institución. Reconociendo ser parte de las condiciones históricas y sociales que cambia, trabaja hacia la inquietante (de)generación de lo instituido y de sí misma como objeto instituido.

En la descripción de la obra, Sully afirma, “la tarea de comenzar fue asignada a Sully a petición de Gabriëlle Scheijpen, directora de la escuela, y fue interpretada por Gabriëlle Scheijpen a petición de Isabelle Sully, estudiante de la escuela.” La artista no solo invierte la dinámica jerárquica dentro de la academia, lo hace alimentando una relación de confianza y dependencia mutua. Esa mañana, Scheijpen deshizo suavemente su rol como directora de la institución para seguir las instrucciones de Sully. El discurso de presentación de la directora se disolvió gradualmente dentro del guión que la alumna había establecido. Con esta obra, Sully especula sobre la reordenación de los roles sociales dentro de la infraestructura desde la que opera.
El guión confirma cómo la precariedad gubernamental impregna las instituciones educativas, argumentando una producción orquestada de una “cultura de la conformidad” entre los individuos que componen la universidad. En este sentido, ejemplar de la contradicción en que vivimos, DAI —una institución académica para la producción de arte crítico y pensamiento emancipado— debe adherirse y aceptar continuas regulaciones gubernamentales. Esto, en combinación con su propia dinámica logística y estructural, termina reproduciendo fielmente las consecuencias de las condiciones que critica, a saber, auto-explotación, implacable precarización y agotamiento.

Imagen 2

Isabelle Sully, A friend to the idea, 2016. Foto cortesía de la artista.

“Entender la educación como una práctica que puede generar cambios significa que también debemos considerar formas de negociar y transformar lo que se puede decir y pensar, cuestionando lo que domina las vastas y amorfas áreas de lucha dentro de la sociedad civil.”15 Scheijpen lee sentada, deteniéndose indistintamente para realizar estiramientos, como se indica en un guión cuidadosamente concebido. Pensando en la forma como contenido y viceversa, A friend to the idea juega con las dinámicas de la infraestructura, tantas veces aparentemente inamovibles, haciendo posible lo inimaginable e irradiando una interseccionalidad transversal notable. En esta pieza, Sully distribuye su trabajo a través de diversos esfuerzos y disciplinas, atravesando los diferentes territorios productivos que navega.


1.3. Términos negativos como condiciones de producción. Estudio

A través de la precariedad gubernamental aspectos ontológicos de la subjetividad (su potencialidad, vulnerabilidad, temporalidad, inclinación al cambio) son expropiados y economizados. La negatividad alberga el potencial de contrarrestar estos efectos. Georges Bataille sugiere la negatividad como una fuerza de transformación.16 El escritor antropólogo conecta las fuerzas del devenir y el poder de la afirmación con la negatividad. Las cosas que rechazamos —nuestras elecciones negativas— definen quiénes somos tanto como las cosas con las que afirmamos y en las que participamos.

Cuando pensamos en la negatividad como una fuerza transformadora, la negación de la forma en que se nos enseña a pensar (particularmente la forma en que nos relacionamos, esa competitividad interesada, siempre mediada por objetivos definidos a priori) parece estar implícita en la noción de estudio, el cual podría ser entendible como una ética que informa cómo ser y organizarnos junto a los demás. El estudio, como autodesarrollo colectivo, reconoce la improvisación como parte de una metodología y se entrega a la mutación constante de ambiciones que es incapaz de imaginar, apoyándose así en lo inimaginable como potencialidad. A través de la negación especulativa, en relaciones de dependencia mutua, los grupos de estudio, desidentificandose promueven conjuntos de complicidades. Estos son en sí mismos modos productivos que atraviesan lógicas modernas basadas en la competitividad y la rentabilidad.

El estudio es sufrimiento compartido, un modo productivo que permite la socialidad en el altruismo. Es participativo a través de una forma diferente de percibir el ser y estar en el espacio, tanto temporal como espacial. La noción de estudio reclama una academia con y sin, a favor y en contra de la academia. El concepto aboga por prácticas disonantes descentradas, como teorías mediadas potencialmente reconocidas tanto dentro como fuera del marco institucional.

Así pues, estos grupos de estudio aprenden, juegan y se apoyan mutuamente a pesar, a consecuencia de y frente a la aplastante adversidad. Estudio, como la necesidad de romper con dinámicas de opresión, como un proceso performativo que rechaza la atención de la razón competitiva, es el deseo de estar con y en los demás, pensando y sintiendo por, a través y con los demás; enamorados de la posibilidad de un mundo que todavía no está aquí, porque siempre está siendo y siempre por venir, un mundo de potencialidad en torno a la esperanza, la confianza y lo comunal.

 

1.4. Términos Negativos como Condiciones. Desidentificación

Proceso performativo y transformador, la desidentificación es una estrategia que ayuda a la supervivencia. Surgiendo de teoría y los estudios queer —donde queer se usa para describir identidades y políticas no normativas— la desidentificación es una estrategia de afirmación y negación al mismo tiempo. No es una oposición estricta a la ideología dominante ni una simple asimilación. Incluye múltiples procesos de identificación, con y en contra, intentando transformar una lógica cultural desde dentro. La desidentificación es una práctica de formación del sujeto que corta y atraviesa etiquetas, produciendo y distribuyendo identidades que desafían compartimentaciones reduccionistas.

Descomponiendo binarios y categorías, la desidentificación “pretende describir estrategias de supervivencia, prácticas de sujetos minoritarios a la hora de negociar una esfera pública mayoritaria y fóbica, sujetos que no se adaptan al fantasma de la ciudadanía normativa.”17 El profesor José Esteban Muñoz ha avanzado este concepto más que cualquier otro teórico queer:

La desidentificación recicla y repiensa significados codificados. El proceso de desidentificación mezcla y reconstruye el mensaje de un texto cultural codificado, de manera tal que exhibe los mensajes codificados, de universalización y las maquinaciones exclusivas, apropiándose de esta información para la formación de identidades divergentes y minoritarias. Por lo tanto, la desidentificación va más allá de descifrar los códigos mayoritarios; utiliza estos códigos como materia prima para representar una política o posición que ha sido empobrecida, oprimida o marginada por la cultura dominante.18

Muñoz teoriza el concepto de desidentificación a través del análisis de las performances políticas de sujetos queer y/o de color. Al igual que con el estudio, no podemos definir completamente la desidentificación, es más y menos que ella misma. Es un modo (de)generativo interseccional que se regenera a través de la decodificación y reciclaje de convenciones e instituciones. La negatividad de la desidentificación proviene de lo “rarito" de la práctica, lo que Muñoz argumenta como “el rechazo del presente como es y la insistencia en la potencialidad concreta o posibilidad de otro mundo.”19

La desidentificación podría entenderse como múltiples formas fluidas de estados divergentes, interpretando en el presente un futuro todavía por venir. Al igual que el estudio, la desidentificación requiere tiempo y espacio para desplazar abstracciones reales e interrumpir deliberadamente las convenciones. Ambos promulgan un rechazo activo que crece desde la negación a la conformidad. Juntos, parecen evocar estrategias de colaboración a través de la contaminación, idea articulada por Anna Tsing en The Mushroom at the end of the world: On the Possibility of Life in Capitalist Ruins (El hongo en el fin del mundo: sobre la posibilidad de la vida en ruinas capitalistas). Tsing nota cómo estamos contaminados por nuestros encuentros; ellos cambian quienes somos mientras abrimos camino para otros. Además, es en la contaminación donde se crea la diversidad: “nos mezclamos con los demás incluso antes de comenzar una nueva colaboración.”20 Desde esa perspectiva, la colaboración a través de la contaminación resuena con el estudio y la desidentificación.

 

1.5. Términos Negativos como Condiciones. ¿Cómo se refieren los términos negativos a sí mismos?

A menudo, la academia resulta un lugar donde sus trabajadores son instruidos en convenciones y donde el trabajo es individualizado; un lugar para la profesionalización, impregnado de lógicas de competitividad y provecho. La academia cede poco espacio a la práctica especulativa, no promueve el estudio y/o la desidentificación colectivas. Es también una infraestructura en peligro, bajo la inexorable amenaza de ser colonizada por regulaciones y reformas salpicadas de precariedad gubernamental. Así pues, el estudio y la desidenficación como condiciones de la producción, evocando el sentido de contaminación a través de la colaboración, sugieren e implican el desplazamiento del deseo capitalista.

La posición de Pitchaya Ngamcharoen en la performance Who moves and who doesn’t? (¿Quién se mueve y quién no?) podría ser útil en la continua definición de las condiciones. Presentada en el marco de la graduación del DAI en el espacio State of Concept (Atenas), este trabajo plantea cuestiones de territorio y desterritorialización a través de las políticas del olfato. La pieza toca cuestiones de territorio e identidad, y la fenomenología de la homosexualidad a través de la noción de la orientación.

Cuidadosamente dispuestas, tres performers se sientan en el suelo en distintos puntos del espacio. Solo tres lámparas de mesa iluminan tenuemente el espacio justo delante de cada performer, donde se observan: dos cocinas eléctricas y una de gas, una olla de metal, un recipiente cerámico y varias hierbas aromáticas y especias. Podemos escuchar el agua hirviendo dentro del recipiente que la contiene.

Un audio reproduce la determinada voz de Pitchaya, la cual, a través de los temas del olfato y la orientación, especula sobre la identidad y el territorio como construcciones. Pitchaya arroja algunas hierbas en el agua y enciende un cigarrillo. La oscuridad del espacio y el humo son cómplices. Los aromas se pueden ver fácilmente expandiéndose, viajando por el espacio, conquistando nuestros sentidos.

Poco a poco, otra performer se une a Pitchaya en el ritual improvisatorio de quema y cocción, y luego otra. La narración continúa y Pitchaya siente que ya no está sola. “Las identidades nunca están unificadas y nunca son singulares, sino que están construidas de forma múltiple a través de las diferencias ... y están constantemente en proceso de cambio y transformación.”21 Los diferentes olores fluyen y se sugieren, contaminan y abandonan la habitación, enredándose entre sí. La audiencia atiende en silencio, intoxicada. En su respuesta, la escritora y académica Hypatia Vourloumis señala que "el olor es transgresión elemental pero también evidencia efímera, el olor define". La definición de la identidad delimita de manera fluida. Somos territorios con fronteras en constante transformación a través del encuentro, por definición colectivo y dentro de la diferencia.

Hierbas hierven, especias se queman, el acto de (des)territorialización se realiza a través de gestos cotidianos. Hay un sentido de comunalidad dentro de la interseccionalidad, se presenta en la demostración de diferentes regímenes de práctica y colectividad, individualización y colectivización, de maneras muy diferentes. Señalando deliberadamente a la colaboración en la re-naturalización de una incertidumbre compartida, tal vez podría decirse que este trabajo evoca los territorios de esperanza educada descritos por Bloch, esas utopías concretas, esperanzas de un colectivo.

Imagen 3

Pitchaya Ngamcharoen, Who moves and who doesn’t?, 2018. Foto de Ranjit Kandalgaonkar.

De repente, el audio se detiene. Pitchaya agradece a la audiencia y se encienden las luces. Hay un silencio de ajuste y un aplauso posterior, rutinario pero sentido; pero este no es el final. Uno de los versos se repite en mi cabeza: "cuando la necesidad de violencia ha terminado —la necesidad de la violencia ha terminado— el héroe se limpia para volver a la sociedad". Repetición, a medida que el aplauso se desvanece, el audio comienza de nuevo y varios actores salen de la audiencia. Se ocupan de labores de mantenimiento, limpian el suelo y cuidadosamente, muy concentrados, limpian a Pitchaya, embadurnada en especias. Espontáneamente, movidas por la escena, algunas personas de la audiencia salimos a ayudar.

Llevar a cabo un inquietante proceso colectivo de desidentificación y destrucción del ego promueve un sentido de pertenencia fluida que crece hacia el empoderamiento singularizado no individualizado. Podríamos abordar la contradicción que somos y habitamos, permanentemente alineados con frecuencias pluriversales de diferencia, celebrando y compartiendo el sentipensar22 con y a través de la lucha de múltiples especies, cómodos con la desconcertante incertidumbre del cambio constante y la imposibilidad de lo contrario. La colaboración a través de la contaminación motiva procesos institucionales transversales, grupos de estudio y prácticas especulativas de desidentificación, capaces de cortar y atravesar dominaciones abstractas. Estas condiciones podrían ayudar a mediar los antagonismos que polarizan la teoría y la práctica, la historia y la naturaleza, lo propio y lo ajeno. Estas prácticas abstractas constituyen una participación activa en el movimiento de las cosas más allá de lo que aún podría considerarse imposible, inútil, salvaje, desorientador o caótico.


Bibliografía

Arturo, E. (2016), “Sentipensar con la Tierra: Las Luchas Territoriales y la Dimensión Ontológica de las Epistemologías del Sur”, Revista de Antropología Iberoamericana.

Benjamin, W. (1934), The Author as Producer (Conferencia en el Instituto de Estudios contra el Fascismo), París (London, New Left Review 1/62, July-August 1970)

Bhattacharyya, G. (2018), Rethinking Racial Capitalism: Questions of Reproduction and Survival, Maryland, Rowman & Littlefield (ed.).

Bloch, E y Adorno, T (1988), “Something is missing: A Discussion between Ernst and Theodor W. Adorno on the Contradictions of Utopian Longing” en Bloch, E., The Utopian Function of Art: Selected Essay, trans. Zipes, J and Mecklenburg, F., Massachusetts, MIT Press.

George, T, (2016), State of Power: Democracy, Sovereignty and Resistance, Amsterdam, Transnational Institute.

hooks, b. (2003), Teaching Community. A pedagogy of Hope, New York/London, Routledge.

Kunst, B. (2015), Artist at Work: Proximity of Art and Capitalism, London, Zero Books.

Lorey, I. (2015), “Constituent Immunisation. Paths Towards the Common”, Open! January 2015 Commonist Aesthetics, Open!, https://www.onlineopen.org/constituent-immunisation

Postone, M. (1993), Time, Labour, and Social Domination, Cambridge, Cambridge University Press.

Moten, F. y Harney, S. (2017), “A Total Education, en How Institutions Think: Between Contemporary Art and Curatorial Discourse. O'Neill, P, Steeds, L and Wilson, M, (ed.), Massachusetts, MIT Press.

Moten, F. y Harney, S. (2013), The Undercommons: Fugitive Planning & Black Study, London, Minor Compositions.

Muñoz, J. (2009), Cruising Utopia. The Then and There of Queer Futurity, New York, NYU Press.

Muñoz, J. (1999), Disidentifications: Queers of Color and the Performance of Politics, Minnesota, University of Minnesota Press.

Neilson, D. (2015), Class, precarity and anxiety under neoliberal global capitalism: From denial to resistance, ciudad, Theory & Psychology.

Ngamcharoen, P. (2018), Who Moves and Who Doesn’t?

Sully, I. (2016), A friend to the Idea.

Tsing, L. A. (2015), The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalist Ruins, Princeton, Princeton University Press.


Notas

[1] hooks, b. (2003), Teaching Community. A pedagogy of Hope, New York/London, Routledge.

[2] Vishmidt, M. (2012), Beneath the Atelier, the Desert: Critique, Institutional and Infrastructural, Utrecht, BAK, basis voor actuele kunst.

[3] Bhattacharyya, G. (2018), Rethinking Racial Capitalism: Questions of Reproduction and Survival, Maryland, Rowman & Littlefield.

[4] Bloch, E. y Adorno, T. (1988), “Something is missing: A Discussion between Ernst and Theodor W. Adorno on the Contradictions of Utopian Longing” en Bloch, E., The Utopian Function of Art: Selected Essay, trans. Zipes, J and Mecklenburg, F, MIT Press.

[5] Muñoz, J. E, (2009), Cruising Utopia. The Then and There of Queer Futurity, New York, NYU Press,
p. 3.

[6] Ibid. p. 9.

[7] “Una educación parcial comienza con la franca perversión de una formulación francamente maoísta. Su formulación es que uno se convierte en dos; la nuestra es que uno se vuelve más y menos que uno mismo... Una educación parcial nunca está lista, nunca iniciada o terminada... es una educación incompleta emprendida por nosotros que estamos incompletos... No se preocupa del reemplazo sino con el desplazamiento.” Harney, S & Moten, F. (2017) “A Total Education”, en How Institutions Think: Between Contemporary Art and Curatorial Discourse, O'Neill, P, Steeds, L and Wilson, M, (Ed.), Masachussets, MIT Press.

[8] “La adscripción del cuerpo, la imposición de la auto-posesión limitada y cerrada, de un yo discreto, sujeto a la propiedad, a una idea de propiedad… podría decirse que es la primera reforma, la primera mejora, en la medida en que es la condición para la posibilidad de reforma o mejora.”, Ibid.

[9] Postone, M. (1993), Time, Labour, and Social Domination, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 126-127.

[10] Lorey, I. (2015), “Constituent Immunisation. Paths Towards the Common”en Open! Commonist Aesthetics, January 2015, https://www.onlineopen.org/constituent-immunisation

[11] George, T. (2016), State of Power: Democracy, Sovereignty and Resistance, Transnational Institute, p. 137.

[12] “(…) por debajo de lo común’ es una traducción literal de ‘undercommons’, término que también se ha traducido como sub-comúnes. Moten y Harney describen este concepto “no como un ámbito de rebelión y crítica; no como un lugar donde ‘tomamos las armas contra un mar de problemas y acabamos con ellos por oposición’. Los subcomunes es un espacio y un tiempo que siempre presentes. Nuestro objetivo, y aquí, el "nosotros" siempre es el modo correcto de abordarlo, no es poner fin a los problemas, sino terminar con el mundo que creó esos problemas. Moten y Harney nos invitan a rechazar la lógica que percibe el rechazo como inactividad, como la ausencia de un plan y como un modo de estancar políticas reales.” Moten, F. y Harney, S., (2013) The Undercommons: Fugitive Planning & Black Study, London, Minor Compositions.

[13] Neilson, D. (2015), Class, precarity and anxiety under neoliberal global capitalism: From denial to resistance, Theory & Psychology, pp. 1-18.

[14] Benjamin, W. (1934), The Author as Producer (Conferencia en el Instituto de Estudios contra el Fascismo), París.

[15] Sully, I. (2016), A friend to the Idea.

[16] Kunst, B., (2015) Artist at Work: Proximity of Art and Capitalism, London, Zero Books, p. 20.

[17] Muñoz, J. (1999), Disidentifications: Queers of Color and the Performance of Politics, University of Minnesota Press, p. 4.

[18] Ibid. 31.

[19] Muñoz, J. (2009), Cruising Utopia. The Then and There of Queer Futurity, New York, NYU Press, p. 1.

[20] Tsing, L. A. (2015), The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalist Ruins, Princeton University Press,pp. 27-29.

[21] Ngamcharoen, P. (2018), Who Moves and Who Doesn’t?, script.

[22] Arturo, E. (2016), “Sentipensar con la Tierra: Las Luchas Territoriales y la Dimensión Ontológica de las Epistemologías del Sur”, Revista de Antropología Iberoamericana.

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

 
 

Re-visiones - ISSN 2143-0040
 
HAR2013-43016-P I+D Visualidades críticas, reescritura de las narrativas a través de las imágenes